Tuesday, 15 December 2009
y nadie sabe cómo vine a parar yo...
From: Martín Llavallol
To: mllavallol@gmail.com
Date: Wed 16-Dec-2009 00:21
Subject: y nadie sabe cómo vine a parar yo...
...al Tercer Mundo! Estoy con Fito en esa. Sí, porque no se engañen, esto no es primer mundo. Que dos tercios de la población estén concentrados en la capital es un claro indicio.
El 2009 vino muy tranquilo en términos de escritura, así que tenía que cerrar el año con al menos un post para el blog. Y el público lo pedía (sobretodo miserias, siempre). Así que decidí aprovechar una entrega de premios que había y viajar hasta acá para cubrir el evento: nada más ni nada menos que los Llavapremios 2009, que galardonan lo mejor y lo peor del año que está terminando.
El primer premio de la noche se remonta a uno de los primeros viajes que hice este año, en marzo. El premio "Fumate uno y hacé algo loco que te ponemos en un museo de arte moderno" es para Takashi Murakami, que sin duda se fumó uno, hizo algo loco y lo pusieron en el Guggenheim de Bilbao. No voy a ponerme a describir la obra -que sin duda habrá dejado boquiabierta a más de una señora conservadora- pero si están interesados, googleen "My Lonesome Cowboy" y verán de lo que hablo. Todo un hito en la historia del arte. Esta escultura es la obra favorita de importantes críticos de arte como el Gringo Ibarbia.
El segundo premio de la noche, "Quién dijo que la globalización era algo malo", viene después del anterior debido a su proximidad geográfica. Aquellos que pensaron que globalización era sinónimo de dominación, absorción, subyugación y destrucción no podrían estar más equivocados. Globalización es fusión. Y la prueba de ello es el restaurant Chino-Vasco que encontramos en el corazón del casco viejo de Bilbao (Bilbo no escatima en sorpresas), al cual está destinado este premio. El restaurant, en el que almorcé con el amigo ukraniano-leonés Piterman, amalgamaba increíblemente en su menú especialidades de ambas culturas. Y no, aunque no estaba atendido por chinitos con boinas, aún así tiene bien merecido el premio.
De pequeño, con mis hermanas y mis primos, solíamos recolectar en el campo unos escarabajos cornudos -los toritos- para luego pintarles el caparazón con temperas de colores y ponerlos a competir para ver cual llegaba primero a una meta (tiembla Ascot). Poco tiempo después de las frustradas carreras, los toritos padecían, asfixiados, según nos enteramos siendo ya mayores. Pues bien, las almas de todos estos escarabajitos me persiguieron y atormentaron durante todos estos años, desde mi infancia hasta el mes de mayo, cuando descubrí las Puertas Mágicas de Roma. Cuenta la leyenda que hay ciertas puertas en ciertas iglesias de Roma que son abiertas en ciertos años, y si uno pasa ciertamente a través de ellas, todos sus pecados son perdonados, aparentemente sin importar la gravedad de tales faltas (bueno, a lo sumo habrá que dejar algún dinerillo más). No sé si será cierto, pero aún así el premio "Como pude vivir mi vida sin saber de tu existencia" va destinado a estas dichosas puertas. Todavía no entiendo como Anita Puértolas -la profe de catequesis- ponía tanto énfasis en retarme cuando me olvidaba de llevar las estampitas del santo que fuera y nunca fue capaz de pasarnos este dato tan importante para la vida del cristiano. De haber sabido esto entonces, no me hubiera privado de aquellos momentos de autosatisfacción. Estoy hablando de mojar el chocolate Voley en el pote de dulce de leche, claro.
El premio "Cuando sea grande quiero tener una fobia copada" es compartido, pero no puedo revelar los nombres de las ganadoras ya que están protegidas bajo un programa de protección a las víctimas. La primera fobia es a las plumas: esto incluye aves, pero no almohadas, ya que las plumas tienen que estar en algo vivo. Es complicado, lo sé. Pero es la excusa perfecta para jugar mal al bádminton (por si la pluma cae en la cabeza de alguien, vivo). La segunda fobia es a un atentado terrorista en un avión. Esta requiere trabajo y persistencia. La excusa perfecta para subirse primera al avión y sentarse al lado de una puerta emergencia para salir primera si no murió antes por algún otro motivo. La tercera y última fobia es a viajar de espaldas a la dirección que viaja el tren. Esta fobia me fascina. Nunca se me hubiera ocurrido ni en mis mejores sueños. La excusa perfecta para quedarse con el mejor asiento en los trenes.
El premio "Cuando entré acá no pensé que iba a salir vivo" de este año es para el Japanese Knife Company. Este no fue en ningún viaje, sino en uno de mis tantos fines de semana en la querida Londres. Estaba caminando por ahí con una amiga que es chef y necesitaba comprar un cuchillo. Al parecer, cada chef tiene sus cuchillos así como cada Jedi tiene su espada, y si cambian de restaurant se llevan con ellos los cuchillos. El hecho es que andábamos en busca de zapatos (bueno sí, al principio la búsqueda era de zapatos, pero terminamos viendo cuchillos: las mujeres son así) y de casualidad nos topamos con esta casa, que ella había escuchado antes. Entramos y el lugar era impecable. Había varias vitrinas y dos mesas llenas de cuchillos. Todos muy afilados y muy brillantes. Cuando apareció el tipo que atendía me di cuenta de que no era el tipo de persona con la que te gusta estar en un cuarto con un montón de cuchillos. Y todos bien afilados y bien brillantes. El tal Jay era un hombre en sus cuarentas, con pelo largo atado con una colita, de origen indio, con ojos negros bien abiertos y mirada penetrante que me dio un miedo que ni Darth Vader. La demostración empezó y Jay cortaba con distintos cuchillos distintos vegetales de distintas formas, que en mi cabeza yo imaginaba que eran partes de nuestros cuerpos. Sin embargo, al cabo de un rato me fui tranquilizando y me di cuenta de que, como siempre, mis prejuicios eran infundados, y que Jay era un apasionado de cortar vegetales y afilar cuchillos. De hecho, no sabía que alguien pudiera ser todo un experto en eso. Casi que me dieron ganas de comprarle un cuchillo, si no fuera porque casi nunca cocino y que el cuchillo más barato costaba alrededor de 100 libras. Jay se lleva la página de la semana, o bueno, del año (que generoso estoy) que está en www.japaneseknifecompany.com
El insulto del año es para "pelotudo de los cojones", un insulto que me encanta porque une dos países, dos continentes, separados por un gran océano. Genial. El insulto salió (cariñosamente, claro) de la boca de Zigor, un vasco que intentaba imitar mi acento, pero algo no salió bien a mitad de camino.
El premio "Hace frío y estoy lejos de casa / hace tiempo que estoy sentado sobre esta piedra / yo me pregunto para qué sirven las guerras" es sin duda para Islandia, en donde me encuentro en este momento. Nadie nunca se imaginó que Andrés estaba en esta isla cuando escribió esa canción. Fíjense sino: la primera frase no requiere explicación. Lo de "estoy sentado sobre esta piedra" es una metáfora que utilizó para no avivar giles, ya que si ponía "hace tiempo que estoy sentado sobre esta formación volcánica producto de la actividad tectónica de la Placa Norteamericana y la Placa Euroasiática" iba a ser muy obvio. Además no le iba a dar la métrica. Y lo de "para qué sirven las guerras" es una clara referencia al tratado de paz que firmaron acá en Reykjavik Reagan y Gorbachov (que sí tenían bien claro para qué sirven las guerras) en 1986 para comenzar el fin de la guerra fría. Es algo curioso que hayan decidido comenzar a terminar con la guerra fría en un lugar tan frío. Quizás lo que querían era enfriar un poco la cosa. ¿Seguirá entonces el mundo en peligro?
Islandia también se lleva otros premios menores, como el de "Son las diez y media de la mañana y todavía no salió el sol", "Ponete los anteojos de sol que este sol de mediodía te puede hacer mal a la vista", o "Colón no descubriste nada, porque a América llegó primero Leifr Eiricsson, que era islandés”. Igual, debo decir que también me decepcionó un poco cuando me encontré que acá no había nieve. Una decepción grande, como cuando me enteré que Heidi no era originaria de Suiza, sino que era un burdo animé japonés, y que bien pudo haber sido la hermana menor de Koji Kabuto, el piloto de Mazzinger Z, o por qué no, la hermana inocente muñeco de Murakami.
Volviendo a la canción de Andrés, y para ir terminando con esto, lo del cohete en el pantalón es también una clara alusión a la proliferación de armas que había por esas épocas de la Guerra Fría. Lamento decepcionar a aquellos que hasta hoy pensaron que Andrés se refería a un cohete como el que se fumó Murakami (¿cómo pudieron pensar eso de Calamaro?) o incluso a un estado de excitación similar al del muñeco de Takashi.
Pues ala. Esas son algunas historias de este año. Algunas nuevecitas y otras con gustito a rancio. Espero, sin embargo que les hayan gustado, y sino, como dirían en España, a tomar por culo. Takk fyrir, góða nótt, merry christmas, happy new year y nos vemos la semana que viene! Saludos!
Llava
llava.blogspot.com
Wednesday, 19 November 2008
La culpa de todo la tiene Yoko Ono
From: Martín Llavallol
To:
Date: Wed 19-Nov-2008 23:19
Subject: La culpa de todo la tiene Yoko Ono
Un domingo de mayo, cuando todavía vivía en Londres me pasó algo que hasta hoy a nadie había contado.
EXPLICIT CONTENT: La siguiente lectura contiene escenas de sexo explícito, violencia y lenguaje fuerte.
Fue algo que comí. Seguro. No creo que haya sido nada psicosomático, ya que el permiso de trabajo iba encaminado y me encontraba tranquilo por esos días. Era domingo. Empezó temprano por la mañana y después de la comida hubo una repetición.
Luego del evento de la tarde pensé que el problema había terminado, que eso sería lo último, y salí a hacer mi caminata diaria de todas maneras.
Como dije, era domingo. Me acordé que hacía tiempo que no iba al Speaker’s Corner en Hyde Park, y además, como el día estaba no muy nublado, ir a un parque parecía algo apropiado que hacer.
A la media hora de salir de casa en Elephant & Castle, mientras cruzaba el Támesis por el Golden Jubilee Bridge, algo dentro mío parecía estar gritando. No tardé mucho en entender que clamaba por su independencia, como Euskadi o Catalunya de España.
Si bien no hay como el trono de la casa de uno, estaba lejos como para volver. En el centro de Londres hay un servicio muy “pro” (como diría mi amigo Juan) en el que enviando un mensaje de texto a un número especial rastrean la ubicación de tu teléfono y tu mandan cuales son los baños públicos más cercanos (Juan, ¿tienen algo así en Alemania?). Pero no hizo falta. Los busqué primero en mi Google Earth mental y hallé dos: el de la estación de trenes de Charing Cross al final del puente, a 300 metros, y el de la National Gallery (un museo), otros 300 metros más adelante.
El problema del primero es que era de pago (en Europa no sólo pagás por lo que recibís, sino que a veces también pagás por lo que das). No es que me molestara pagar (eran 20p, algo así como un $1,20, que ante la urgencia eran justificados) sino que hace unos años tuve una experiencia traumática en otro baño de similares características.
Fue en la Termini de Roma a principios de 2004. Fui al toilette, hice la cola, pagué los 60 céntimos correspondientes y me fui a la cabina que estaba vacía a hacer lo que había ido a hacer. Debo decir que por estar impecable, cada centavo que pagué estuvieron bien gastados. Daba gusto. Sin embargo, a los pocos segundos (no dieron como para poner minutos) de estar allí sentado, unos fuertes golpes a la puerta cortaron ese fino hilo, ese estado casi místico, de Nirvana, que acompaña al acto: era la encargada del baño que acompañaba los golpes con un: “Signore, per favore...” y diciendo algo así como que me apurara, que había más gente esperando. Bueno señora, que estas cosas llevan su tiempo... Indignante. Y eso que no me había llevado el ejemplar de ese día del “Corriere della Sera” o como mínimo, un tubo de desodorante para leer de dónde lo fabricaban y quienes lo distribuían en los distintos países.
En el segundo baño, el del museo, había estado en otra oportunidad (esculpiendo unas obras que el curador del museo no hubiera expuesto en ningún lado, quizás por falta de glamour), y es muy limpio y tranquilo. Parecía la elección ideal.
Pero lo que tenía que hacer era inminente, y 300 metros adicionales eran demasiados. Opté entonces por el primero.
Todo transcurrió con normalidad. Y nadie me apuró esta vez. No voy a ahondar en detalles. Sólo podría agregar que este baño no estaba tan limpio como aquel del Termini.
Optimista yo, supuse nuevamente que eso sería todo. Error.
Seguí mi camino al Hyde Park, llegué, estuve un rato escuchando a la gente hablar en el Speaker’s Corner y luego me senté en el pasto. Reflexionando sobre ya no recuerdo qué, me di cuenta que otra vez me apuraba la churrera. ¡Ay Dios! Esto era de nunca acabar...
Otra vez hice uso del Google Earth en mi cabeza y encontré otras dos soluciones: una a 250 metros hacia el norte y la otra a más o menos un kilómetro en la otra dirección (estaba en un parque). Esta vez las dos eran gratuitas, así que apliqué el criterio de distancia mínima.
Lo que empezó como una tranquila caminata se convirtió en una desesperada corrida. Bajé rápidamente las escaleras y entré al baño. Me encontré con una sala central de los lavabos, y tuve que escoger entre ir a la sala de la izquierda o de la derecha. Elegí la derecha, no por ninguna tendencia política, sino por la trayectoria que traía desde afuera, que hacía que fuera la dirección natural que uno tomara si continuaba más o menos derecho; además creo que ya dejé claro antes que soy zurdo.
No. Error. En ese recinto estaban los mingitorios, que no era precisamente lo que yo necesitaba en ese momento.
Pero en el vistazo general al entrar al lugar hubo algo que me dejó algo perplejo: había tres tíos, pero curiosamente ninguno estaba enfrentando la pared, sino que se encontraban algo separados de ella y formando un círculo entre los tres. Y no estaban precisamente jugando a la ronda sino que por lo que llegué a ver en esa fracción de segundo, los tres miraban para abajo y entre ellos, con las manos...
¡Jo’er! ¡Qué fuerte!
Di la vuelta y me fui para el lado que había dejado de lado, la sala a la izquierda de los lavatorios. Pasé el umbral y me encontré que el panorama no era mucho más alentador que del otro lado: de los ocho o diez cubículos con inodoros creo que el total no llegaba a media puerta. De ese lado también había bastante actividad, aunque de otro tipo. Los cinco o seis tipos que había por ahí tenían pinta bastante desalineada, se veían sucios y hablaban como muy fuera de sí. Había dos o tres sentados en los inodoros y uno hasta tenía una jeringa en la mano.
¡Jo! ¡Qué fuerte! ¡Qué fuerte!
¡Menudo espectáculo!
No me pregunten por qué pero en ese momento se me fueron mágicamente las ganas de hacer lo que me había llevado hasta allí. Fue instantáneo.
Así que sin mucho más qué hacer ahí, giré y volví al parque.
Es curioso que en la entrada del baño hubiera un monitor que mostraba lo que filmaba una cámara de CCTV. Sin embargo, al parecer la presencia policial en ese lugar era menos que la presencia de las Guayanas en Sudamérica.
Hago un breve paréntesis en ese punto. ¿Alguna vez se pusieron a pensar por qué en Argentina no recibimos nunca noticias de Guyana o de Surinam? Si en definitiva son tan sudamericanas como Chile o Brasil, y están tan (o menos) al norte que Colombia o Venezuela... De hecho, ¿nos acordamos tan siquiera de sus capitales? Dejo esta inquietud para que respondan en el blog. No vale buscar en enciclopedias/atlas/Internet.
Colins, este interrogante, sin duda, va para tu lista de “Grandes Preguntas Sin Respuesta”, justo después de la de “¿por qué las cucarachas quedan patas para arriba cuando mueren?”.
Aunque las ganas se habían disipado, preferí ser precavido y caminar en dirección de los toilettes que estaban a un kilómetro al sur. Mientras tanto iba contento creyendo haber descubierto la cura para ese tipo de problemas –el shock– y sintiéndome merecedor del Premio Nobel de Medicina.
También me puse a pensar que Trainspotting había tenido una influencia muy fuerte en mi pensamiento y que, quizás, aquel hombre en el baño no se estaba endrogando, sino que padecía de un problema diametralmente opuesto al mío y lo que en realidad había en la jeringa era un hiperlaxante de acción instantánea y por eso él ya se preparaba sentándose en el inodoro.
Pero por supuesto el efecto de mi tratamiento de shock duró tanto como la moda de los Tamagotchis: a los 200 metros ya estaba corriendo los 800 que me faltaban.
¡Dios! Creo que nunca hice tanta fuerza con un solo músculo del cuerpo.
Bueno, esto se está haciendo largo, y a esta altura supongo que querrán saber cómo terminó todo esto... Al final llegué: llegué cagando...
***
Pero si piensan que eso fue una situación de mierda, esperen a leer lo que me pasó la última semana.
La semana pasada empezó en Reading con el Támesis alto, y con el agua de un color raro... ya saben, turbio.
El lunes avisaron en el trabajo que el martes por la mañana toda la división de Transporte (unas 60 o 70 personas) tendríamos una reunión importante, la primera para mí de ese tipo, y al parecer, para la gran mayoría de mis compañeros también.
En la reunión del martes, tres socios y otros dos tipos, todos con cara de poker, empezaron que la crisis, que los clientes, que el trabajo, que al cierre del ejercicio iban a ganar £5millones menos de lo previsto y bla, bla, bla. Todo para anunciar que iban a tener que echar a cinco personas, una de las cuales era un Graduate de Sustainable Transport.
Graduate-Sustainable-Transport. Jackpot! ¡Jo'er! ¡Eso soy yo!
Y por si hicieron un número rápido en sus cabezas, no, no estoy ganando £1millón.
Después de la gran reunión me llamaron junto con otras tres de mis compañeras: no me habían elegido de entrada, sino que éramos los cuatro graduates del equipo. Nos dijeron que los días siguientes iban a reunirse entre ellos y con nuestro jefe, para elegir a uno de los cuatro, y que el viernes nos comunicarían a quien mandaban de vuelta a casa.
No sabemos por qué adoptaron esa modalidad “Gran Hermano” en vez de elegir a uno de entrada y evitar a tres personas el estrés que todo eso implica.
Los potenciales candidatos éramos Magda, una polaca que trabaja ahí hace tres años, Alix que está hace casi dos, y Emily y yo que entramos juntos.
La verdad es que aunque ellas estaban igual de asustadas que yo, nunca pensé que Alix o Magda fueran a ser echadas, por el tiempo que llevaban en la empresa; en todo caso, la cosa estaba entre Emily y yo, y para ser honesto, siendo yo el argentino y que escribir un bendito informe de cuatro hojas me lleva diez veces más tiempo que lo que le llevaría a un tartamudo leer en voz alta este email, nunca dejé de sentir que todas las flechas apuntaban hacia mí.
El resto del martes lo pasé haciendo zoom-in y zoom-out con la ruedita del mouse, porque me fue imposible concentrarme en lo que hacía. Y para los demás fue igual.
El miércoles, por suerte, el amigo Tim me llevó a una visita a Londres, más específicamente a Wimbledon, aunque no para jugar al tenis, sino para ver el lugar de un proyecto. Tim es un tipo súper entusiasta en lo que hace y habla hasta por los codos, y aunque por momentos te termina quemando la cabeza, le agradezco que ese día me haya sacado del clima que se vivía en la oficina.
Por la tarde aproveché para caminar por el centro de Londres y justo encontré que la National Gallery estaba abierta hasta tarde ese día. La National Gallery es uno de los museos que más me gustan de la ciudad, no sólo por los cuadros, que aunque no soy un entendido me gustan, sino también por el edificio y sus salas antiguas. Tuve suerte que el curador del museo no me fuera a buscar por lo que había hecho tiempo atrás en el baño.
El jueves fue un día parecido al martes, de caras largas y de mails internos para tratar de animarnos.
Después del trabajo salí a caminar un poco para despejarme y como necesitaba mimarme un poco, decidí ir a cenar al restaurant español al otro lado del río, que es un lugar agradable y se come bien.
El dueño del restaurant es Javier, un gallego (gallego de Galicia, claro) muy bonachón, al que conozco de haber ido ya un par de veces. Es muy conversador y aunque a veces tiende a repetir, me gusta escuchar sus cuentos, relatados en un idioma híbrido entre el español y el galego, con el agregado de palabras en inglés, al mejor estilo cubano de Miami. Me hace mucha gracia cuando se autodefine campeón de golf de todo el condado de Berkshire.
Comí una tortilla de patatas (o patacas, en galego) y de postre una tarta Santiago, y antes de irme me puse a charlar con Javier. Un tema recurrente es el Camino de Santiago, que él como buen gallego siente la necesidad de hacer algún día. Su idea es hacerlo cuando se jubile, a caballo, desde Reading.
No sé por qué, pero la charla con Javier me reanimó, y aunque no hablamos de nada relacionado con eso, acepté que perder el trabajo no era la muerte de nadie ni tan grave después de todo, porque como me dijo alguien, donde se cierra una puerta, se abre otra. Y hasta se me ocurrió que un posible Plan B podía ser hacer el Camino otra vez y después que fuera lo fuera.
Me volví a casa caminando, y por alguna clase de asociación rara que hizo mi cabeza, me dieron ganas de escuchar “Viva la Vida” de Coldplay (entre paréntesis, quién iba a decir que Coldplay le iba a terminar cagando el nombre de una canción y de un disco a Palito Ortega).
El viernes a las 11 de la mañana nos empezaron a llamar uno a uno. A Emily la llamaron primera. Después a Alix. Después a Magda. Todas se iban, pero ninguna volvía. Para mis adentros sabía que al que echaran lo iban a llamar primero o último, así que después de que le avisaron a Magda que bajara, supe que no me esperaba nada bueno; pero bueno, sonó el teléfono y allá fui.
Estaban los mismos tres socios del otro día sentados en la mesa pero las chicas no. Me hicieron sentar. Dijeron, en síntesis, que en mi trabajo de los últimos tres meses notaron que tenía problemas con el idioma, pero que aprendía rápido y que era muy entusiasta (bueno, no les voy a mentir, usaron la palabra “proactivo”, que siempre me sonó a chamuyo), por lo que al final no era el elegido a quedar afuera.
Y yo ahí sentadito me quedé pensando cómo les volvía a preguntar si había entendido bien lo que había entendido, pero sin demostrar excesiva sorpresa...
Al final despidieron a cinco personas, entre ellas a Emily. De mi lado, sólo les puedo decir que el Camino va a tener que esperar.
Pero sí, al final quedé: quedé cagando...
Saludos.-
Llava
llava.blogspot.com
PD: Y no se olviden que, como dijo Danny Shine parado en su escalerita en el Speaker’s Corner: “somos el fin de un orgasmo”.
Sunday, 31 August 2008
La triste desventura de ser zurdo (pero con final feliz)
From: Martín Llavallol
To:
Date: Sun 31-Aug-2008 23:34
Subject: La triste desventura de ser zurdo (pero con final feliz)
Ser zurdo puede ser un gran problema.
En un mundonde casi todo está pensado para diestros, las cosas no se nos hacen fáciles: ventanas, cuadernos, tijeras, sacacorchos, abrelatas, guitarras, cañas de pescar y palos de golf son sólo algunos ejemplos que puedo enumerar.
Los problemas empiezan temprano, en los primeros años de la etapa escolar, cuando uno decidía estrenar aquella lapicera Parker que recibía en todos los cumpleaños desde los 7 a los 13 años. Esas lapiceras, que eran muy pitucas en su diseño, venían cargadas con una tinta que tenía un pequeño defecto (o quizás la compañía Parker nunca consideró que eso fuera un inconveniente): tardaba en secar una fracción de segundo más que las tintas convencionales. Esto hacía que cuando terminabas de escribir el renglón del cuaderno, la mitad de la tinta fuera a parar al costado de la mano que arrastraste sobre el papel y la otra mitad quedara desparramada por toda la hoja. Y como consecuencia, todas las hojas terminaban opacadas por una suerte de “nube” azul que hacía que no ganaras aquellos puntitos por prolijidad que otorgaba la maestra y que sí recibían tus compañeritos diestros.
En la secundaria (o quizás antes), el problema típico que debe enfrentar un zurdo es el de encontrarse con un pupitre que tiene por mesa una tabla de fórmica y un apoyabrazos todo del lado derecho. No sé a quién se le ocurrieron esos bancos, porque son chicos, con pendiente y siempre se te terminaba cayendo todo al suelo. Y eso sin mencionar lo difícil que era para nosotros, los zurdos, escribir en ellos.
Por suerte uno podía olvidarse de eso haciendo alguna otra actividad, algún cable a tierra, como tocar la guitarra. Claro, a menos que fueras a clase y no te avisaran que los diagramas de los acordes que habían dibujado en el pizarrón eran para diestros, porque sino cuando terminabas de poner los deditos en los casilleros, el sonido que obtenías era horrible.
Dicen que los zurdos somos más inteligentes, pero generalmente nos confundimos la izquierda con la derecha (por esto de que "la derecha es la mano con la que escribís"). También dicen que vivimos menos y que tenemos más problemas cardíacos, pero así y todo, los zurdos nos sentimos orgullosos de ser zurdos y apoyamos nuestra causa.
Entre los zurdos famosos están Napoleón, Gandhi, Elizabeth II, Henry Ford, Benjamin Franklin, Leonardo Da Vinci, Martín Azcona, Miguel Ángel, Bach, Mozart, Beethoven, Nietzsche, Matt Groening, Diego Armando Maradona, el Rafa Nadal, Sir Paul McCartney, Jimi Hendrix, Noel Gallagher y Kurt Cobain.
Otros que son zurdos (aunque no en el sentido estricto de la palabra) son los Rage Against The Machine. Zurdos por el contenido anticapitalista, antiglobalización y antitodo de sus canciones, temática que acompañan con poderosos riffs y antológicos solos de guitarra.
Los Rage, junto con otros como Queens Of The Stone Age, Metallica, The Killers, Editors, Bloc Party y Manic Street Preachers tocaron el fin de semana pasado en el Reading Festival, un festival de rock que pone a Reading, la ciudad en la que actualmente resido, en el mapa de Inglaterra. Lamentablemente no pude ver ni a los Rage ni a ninguno porque las entradas salieron a la venta en Marzo y se agotaron a las pocas horas, incluso varios días antes de que anunciaran qué bandas iban a tocar.
El festival hace que por tres días la tranquila ciudad (que se podría comparar con un Tandil) se llene de gente: algo así como 50.000 personas se suman a la población permanente de 144.001. La mayoría de estos invasores son glamorosos adolescentes calzados con unas muy poco glamorosas “wellies”, que no son otra cosa que botas de goma. Eso es porque acá en verano suele llover (de hecho el verano es por una cuestión de calendario, no porque haga calor, sol o clima afable) y el lugar destinado al festival, con 50.000 monos encima, se llena de barro.
La procesión de gente desde la estación de tren hacia los campings empieza más o menos tres días antes del fin de semana. Nosotros nos entreteníamos en el trabajo viéndolos desfilar con todo el equipaje que traían, porque nuestra oficina queda de pasada, también sobre el río.
Por supuesto con toda esa gente la costanera del río (que también es el Támesis, pero mucho más angosto que cuando pasa por Londres) se vuelve un desastre, pero en general es un lugar muy agradable, y está bien para salir a caminar un poco e interactuar con los patos en la hora del almuerzo del trabajo.
Ahora que menciono el trabajo, la suerte quiso que mi primer día coincidiera con el primer día de vacaciones de mi jefe. Así que tuve tres semanas para ambientarme sin demasiada presión, ideal para no padecer los síntomas del síndrome post-vacacional.
La gente de la oficina es en general amigable, y, contrario a lo que yo creía, el ritmo de trabajo inglés tiene la cantidad necesaria y suficiente de me-levanto-a-charlar-con-otro-de-cualquier-cosa por día para hacer amena la jornada laboral.
La semana pasada tuve mi primera salida a ver un par de lugares al suroeste de Londres, donde tenemos los proyectos, así que sirvió para cambiar de aires. Lo mejor fue que empezamos el día con un Traditional English Breakfast. Un breve comentario al respecto: pan frito, huevos fritos, panceta frita, chorizo, beans con ketchup y té no es lo que yo elegiría como primera comida del día; pero si viene a las 10 de la mañana, después de haber desayunado a las 7 un bol de cereales y con el hambre en ascenso nuevamente, les aseguro que es una gozada. Es decir, a modo de “resayuno” (como diría mi peregrino amigo Pierre) es perfecto. Y mucho más si lo paga la empresa. Lo malo fue que los dos compañeros con los que fui, Tim y Dan, ya se habían devorado todo cuando yo apenas había terminado de desgrasar la panceta (es que uno tiene que cuidar la figura también). Ni tiempo a disfrutarlo como Dios manda. Pero bueno, debo reconocer que estábamos algo justos de tiempo.
Volviendo a Reading, otra cosa que aumentó últimamente su popularidad entre las ciudades de Inglaterra, fue que muchas empresas de informática y telecomunicaciones instalaran sus casas centrales acá, porque es una ciudad que tiene un poco de todo y por su cercanía con Londres (66km). Justamente, mis dos compañeros de casa trabajan en estas áreas: Tom, un inglés de Manchester (sí, como los Gallagher), y Rui, un sudafricano de Sudáfrica. Esta vez no tocaron los personajes singulares de Londres, como Leon o Emmanuel, del que creo que nunca les hablé. Por el contrario, éstos son tranquilos y por suerte mantienen la casa limpia, lo que es bastante apropiado para esta nueva etapa laboral. La única pena es que falta el componente femenino.
La casa está bien y tiene el tamaño adecuado para tres personas. Encontrarla no fue muy complicado y espero no decepcionarlos, pero esta vez no hubo incidentes con ningún bangladeshi.
Pero el hecho de que me sienta a gusto acá no se debe a que la ciudad sea linda, el trabajo pinte bien o la casa sea agradable. Nada de eso.
El otro día fui al banco a abrir una cuenta (porque no sé si sabían, como mi campaña "Juntos por un amiguito en el exterior" del año pasado fue un fracaso rotundo, tuve que venir, conseguirme un trabajo y abrir una cuenta para que me depositen el sueldo) y lo que supuestamente iba a ser un dolor de cabeza, se terminó convirtiendo en un momento de profunda admiración hacia estos tipos. Me atendió un inglés muy simpático que me hizo todas las preguntas de rigor hasta que llegó a una bastante particular:
– ¿Es usted zurdo o diestro?
– Zurdo – respondí yo con la frente bien alta pero sin entender qué relación guardaba eso con la apertura de mi cuenta bancaria. – ¿Por qué?
– Por la chequera.
¡Los tipos tienen chequeras para zurdos! Flipé. Casi se me cae una lágrima de la emoción. ¡Al fin alguien que piensa en nosotros! God save the Queen!
Por cierto, ustedes en Argentina pensaban que yo era un amarrete. Espero puedan comprender ahora que sólo se trataba de una imposibilidad que tenía para hacer los cheques.
Hecho ese descargo, ahora me despido hasta una próxima ocasión: tengo unos cheques que librar.
Saludos a todos desde Reading, Berkshire, UK
Llava
llava.blogspot.com
PD: La página sugerida debería ser la del que es ahora mi banco, pero nobleza obliga, es la de mi sponsor en Gran Bretaña: www.pba.co.uk
Thursday, 15 May 2008
Un lugar llamado Stansted Airport
From: Martín Llavallol
To:
Date: Thu 15-May-2008 18:40
Subject: Un lugar llamado Stansted Airport
Anteayer tuve uno de los días más bizarros de mi vida.
Pero antes, a modo de prólogo, les voy a relatar un episodio relacionado que me sucedió unos días antes.
Las desventajas de ser un sudaca, parte I (esto es como una canción de Pink Floyd)
Aeropuerto de El Prat, Barcelona, España - miércoles 23/04/2008, 2100 hora local, 2000 hora de Greenwich, 5 en punto en algún lugar (como diría Slash)
Salgo del avión satisfecho por haber viajado 1200 kilómetros a un precio comparable al de un billete de tren y me pongo a caminar por los pasillos del aeropuerto, para ir al reencuentro de mi fiel compañera de aventuras: mi mochila.
Bajo unas escaleras mecánicas y me encuentro con un obstáculo, algo similar a una estación de peajes: la zona de revisión de pasaportes. Me dirijo a una cabina destinada a no-europeos y cuando me llega el turno, le doy mi azul pasaporte al señor oficial. Lo examina y empiezan las preguntas:
- ¿A qué viene a España?
- Vacaciones
- ¿Cuánto tiempo piensa quedarse?
- Tres semanas
- ¿Tiene billete de vuelta?
- Sí
- ¿Puede mostrármelo?
- No, no lo tengo impreso. Lo saqué por Internet
- ¿Tiene reserva de hotel?
- No, me voy a alojar en casa de una prima y de un amigo
- ¿Tiene carta de invitación?
- No
Por un momento pensé que había aterrizado en Rusia. ¿Carta de invitación? ¿Desde cuándo? El oficial me dijo que si no tenía el billete de vuelta ni una reserva de hotel, tenía que tener una carta de invitación. Acto seguido me invitó a sentarme en una de las sillas que había en los laterales y a esperar.
Luego vino otro oficial que me hizo pasar a una habitación lateral, blanca, donde en el fondo esperaba uno sentado en un escritorio con una hoja en blanco y dispuesto a seguirme haciendo preguntas.
Anotó a lo de quién iba, los números de teléfono, buscó la ficha de mi prima en el ordenador (por cierto Sara, esa foto no te favorece...), me hizo contar la plata que tenía, anotó los números de tarjetas de crédito y débito, y me preguntó a qué me dedicaba.
Fue curioso que me diga que el también era ingeniero -industrial- y cuando le pregunté qué hacía trabajando ahí, me contestó: “eso mismo me pregunto yo, porque aquí no hay casi trabajo”.
Mientras tanto, en la sala de al lado, otros cuatro o cinco oficiales, que estaban al pedo como pelusa de ombligo, discutían no sé qué cosa sobre el Botafumeiro (un objeto volador de la catedral de Santiago de Compostela, en el que meten incienso y tira humo y olor), discusión que sin duda yo detoné al comentar que iba a hacer el Camino.
Empezó con los llamados telefónicos, al mejor estilo Susana Giménez, y primero le tocó a Sara, pero como estaba “comunicando” (ocupado), tuvo que seguir al siguiente de la lista: Lorenzo, un viejo amigo del Camino del año pasado, con quien me reencontraría para conocer sus pagos y luego ir a caminar otra vez. Lorenzo, también conocido como “Piterman”. Todo legal.
Le hizo varias preguntas sobre mí y supongo que obtuvo las mismas respuestas. Antes de que colgara, le pedí una o dos veces que le mandara saludos, pero no me hizo caso. Al constatar el sujeto que todo lo que decía era verdad, me dio el visto bueno.
Incluso me dijo que él había hecho el Camino. En realidad el tipo era macanudo, pero como estaba en su faceta de oficial de migraciones, se hacía el duro. En otra situación hubiéramos ido a por unas cañas, o bueno, yo por un zumo de piña.
Rescaté finalmente a mi mochila, que giraba sola en una cinta de caucho, y me fui del aeropuerto en dirección a Barcelona.
Toda esta situación en la querida España me hizo pensar que mi regreso a Inglaterra iba a ser todo menos fácil. Eso me lleva a contarles la segunda parte de este relato.
The disadvantages of being a sudaka, part II
Stansted Airport, Essex, Gross Bretanien - martes 13/05/2008, 1200 hora de Greenwich, 1300 en España (excepto Canarias), 5 en punto en algún lugar.
Salgo del avión satisfecho por haber viajado 1200 kilómetros a un precio comparable al de un billete de tren y me pongo a caminar por los pasillos del aeropuerto. Esta vez llevaba la mochila conmigo.
Subo unas escaleras mecánicas, giro a la izquierda y entonces aparece el sector de revisión de pasaportes. Aunque me habían recomendado no decir que había estado buscando trabajo y que me estaban haciendo el permiso, había decidido enfrentar al monstruo diciendo toda la verdad. Así, con dos cojones.
A pesar de ser martes 13, parecía que estaba de suerte: en la cola de “Rest of the World” no había prácticamente nadie, mientras que el de “European Union” estaba que revalsaba.
Me tocó una señora en sus cincuentas, con cara de no tener muchos amigos. Antes de que empezara con las preguntas pensé en decirle “¿Vamo’ al cuartito?”, para evitar que me hagan las mismas preguntas dos veces y ganar tiempo, pero temí que lo tomara como una propuesta indecente y que eso jugara en mi contra.
Vinieron las preguntas y se ve que algo no le gustó, porque me hizo sentarme en una de las sillas al costado y esperar.
Al rato me llaman y... ¿a qué no saben a dónde me invitaron gentilmente a ir? ¡Muy bien! Veo que ya se dan cuenta de qué viene esto...
Dentro del cuartito me interrogaron en una de las salas, revisaron todo lo que había en mi mochila, se llevaron un cuaderno y todos los papeles donde hubiera números de teléfono o posibles contactos, me sacaron un par de fotos y finalmente me ensuciaron un poquito los dedos con tinta negra y me los hicieron apoyar uno a uno en unos papeles.
Entre procedimiento y procedimiento me hacían esperar. Para que se den una idea, el lugar y el clima que se vive ahí es lo más parecido a la sala de espera del dentista.
Hay que decir que aunque todo el proceso era digno de un criminal, los oficiales eran todo el tiempo muy amables. Uno en particular, Victor, era bastante conversador, y nos ofreció libros, diarios o revistas en varios idiomas que tenían ahí para leer. Como entretenimientos también había sudokus, una tele encendida que nadie miraba (en un momento hasta pasaban “Lazy Town”, quienes tengan sobrinos pequeños saben de qué hablo) y una amplia colección de DVDs.
Mis compañeros del “limbo aeroportuario” eran dos: uno que lo dejaron salir al poco tiempo de yo entrar, y un turco en sus cuarentas. Su historia declarada era que vivía legalmente hace muchos años en Estados Unidos y había ido a visitar a su familia (o al menos su hermana) varios meses a Londres. Para no estar más de seis meses (el tiempo máximo como turista) había salido fuera de la UE y vuelto a entrar a Inglaterra, y ahí es donde lo agarraron. Supuestamente se iba a quedar en Londres hasta julio, para ver a sus padres que viajarían desde Turquía, ya que él no quería ir a visitarlos directamente a Estambul, porque sino iba a tener que hacer el servicio militar obligatorio.
El tío era todo un personaje, de esas personas con quienes te agrada estar cuando estás retenido en la oficina de migraciones de un aeropuerto. Por ejemplo, cuando Victor nos ofreció algo para leer, el turco (que nunca supe su nombre) contestó: “y bueno, si tenés la Playboy...”. Pero no, tenían de todo menos esas.
También fue él el que dijo que se sentía como el protagonista de “La Terminal”, la película de Tom Hanks, y estuve totalmente de acuerdo. Victor comentó que eso había pasado realmente, en el Aeropuerto Charles de Gaulle de París, y que el libro era mejor que la película. Curiosamente no la tenían entre los cuarenta o cincuenta DVDs que había, seguramente para que cada uno viva su propia aventura.
Me dio curiosidad por saber por qué había libros en italiano en la biblioteca, si los tanos entran por la puerta grande y no creo que sean muchos a los que retengan. Los había llevado el propio Victor, que había estudiado en Roma. Le pregunté que se estudiaba para ser oficial de migraciones y me dijo que era sacerdote. También dijo que era alemán. Con el turco nos mirábamos y no entendíamos nada: ¿un sacerdote católico alemán trabajando en la agencia de migraciones inglesa?
Para demostrárnoslo, sacó de su portafolios una foto de él vestido de curita y acompañado por dos guardias suizos del Papa. También sacó como tres pasaportes para mostrarnos las fotos donde, por lo menos el cuello, se veía como una sotana.
No lo hizo de mala leche, pero esa fue una actitud muy fea. Con haber sacado un sólo pasaporte era suficiente. Pero sacó tres. Y cuando el turco le preguntó por qué tenía tantos pasaportes, agregó a la mesa otros seis pasaportes y carnets de identidad más. Eso no se hace: andar refregando al Turco y Vuestro Retenido Narrador nueve ciudadanías, cuando ellos tienen apenas una, no es de buen samaritano...
La historia detrás de tantas nacionalidades es que había nacido en un barco inglés en alta mar, que se dirigía a Sudáfrica, hijo de una irlandesa y de un alemán. Ahí ya tenemos cuatro. Luego como sacerdote, había estado en Italia, Estados Unidos, Canadá y en un territorio que primero había sido de Zambia y luego Namibia (creo). Así llegamos a las nueve.
Luego nos explicó que trabajaba ahí para ayudar a la gente y que había entrado porque para ese trabajo se requerían conocimientos de psicología, que el había aprendido en el seminario.
Más tarde se sumó una chica china, que no escuché bien el motivo cuando los oficiales hablaban y ella no hablaba mucho inglés, pero al parecer había estado en la cárcel no sé bien por qué y después la habían echado de China.
Lo único cierto que puedo decir sobre ella es que también tuvo una actitud muy fea al regalarle a una de las oficiales un corazón de origami (aunque el modelo que le dio no lo pude encontrar en dev.origami.com/diagram.cfm, la página de esta ocasión), como esos chicos que le hacían regalos a la maestra para ganársela. ¡Eh! Que así cualquiera entra en el Reino Unido. Y si me hubieran dicho que eso valía, yo era capaz de ceder mi Tarta Santiago, la especialidad compostelana hecha de almendras que traía conmigo.
A eso de las cuatro de la tarde, cuando ya estaba con bastante hambre, les pedí si podía comer el sandwich que me habían ofrecido antes. Me dieron a elegir entre cuatro tipos distintos: atún, pollo, queso o huevo. Me llevé el de pollo, que no era gran cosa pero cumplía su función. A través de él deduje que la mayoría de los que pasaban por ahí serían indios, ya que era un sandwich “indian-immigrant-friendly”, dado que tenía korma sauce, una salsa agridulce típica de la comida india. Como adicional, me dieron un paquetito de “crisps” (patatas fritas).
Cuando saqué un billete para pagarle, la señora que estaba en ese momento me dijo que no, que era gratis. Me permití entonces hacerle el comentario de “¡ah! voy a tener que venir más seguido...”
El panorama para todos nosotros era el siguiente: que nos dejaran entrar a Inglaterra o que nos pusieran de vuelta en un avión de regreso al lugar desde donde habíamos partido, en mi caso, Santiago de Compostela. En ningún caso, dijeron, podían tenernos retenidos por más de 24 horas.
Se preguntarán si estaba nervioso o asustado. La verdad es que no. Sólo estaba expectante. Para explicar esto tengo que hacer un breve flashback.
Las vacaciones en España fueron de lo más felices y llenas de reencuentros: en Barcelona, con Sara y Yago, en Bembibre, con Lorenzo y Aurora, en el Camino y finalmente en Santiago, con Arantxa y Balazs. De ninguno de los lugares me quería ir de lo bien que me trataron.
En Barcelona tuve una entrevista de trabajo y haciendo el Camino conocimos a unas chicas que trabajaban en consultoras de Recursos Humanos y una me dijo que le mandara el CV y me fuera a trabajar a Murcia.
Con todo esto empecé a pensar que quizás me había equivocado de lugar, y que quizás el país no era Inglaterra sino España.
Y entonces, ahí sentado con mi amigo el Turco y con el oficial de turno que nos “cuidaba”, decidí encomendarme a mi destino, como una gota de lluvia que está por caer sobre la línea divisoria de aguas de dos cuencas: si tenía que quedarme en Inglaterra, me iban a dejar pasar, y si tenía que volver a España, me iban a poner ellos en un avión.
Vinieron unos oficiales luego de hablar con el César de Stansted, un personaje al que no tuvimos acceso, pero que al igual que el de “Gladiador”, subía o bajaba el pulgar. Las noticias eran para el Turco: el César había bajado el pulgar; tenía que volverse a Bratislava. Al pobre hombre se le cayeron unas lágrimas.
Tuvieron la dignidad de escoltarlo para que fuera a despedirse de su hermana, que había ido al aeropuerto.
Se quejó porque tenía que volver a Bratislava y no a alguna otra ciudad de Europa del Este. Según él, Bratislava era una ciudad fea y además ahí era donde habían filmado “Hostel” (una película no apta para personas impresionables), cosa que le daba miedo.
Tuve una segunda entrevista. Vi que se habían puesto en contacto con la empresa con la que voy a trabajar (yo mismo les había pasado los datos), porque tenían un fax con el contrato que firmé.
Esperé un rato más y volvieron a por mí, esta vez con el veredicto del César...
No pude despedirme de Victor, que cuando me fui no estaba. Les desee suerte a los demás. Nunca sabré qué pasó con la china y los hermanos brasileros que entraron casi al irme.
Al final pasé cinco horas retenido, pero creo que no fueron suficientes, porque no pude terminar de leer una nota a Roger Waters de la revista The Word. Es que había tantas cosas con las que distraerse que no me dio el tiempo...
Al salir del aeropuerto encontré que el cielo estaba despejado y que el sol brillaba: in your face Galicia!
Y escuchando "Movin' On Up" de Primal Scream, me volví a Londres y a casa, para reencontrarme con mis compañeros de hogar.
Les mando saludos desde acá,
Viktor Navorski from Krakozhia
llava.blogspot.com
Tuesday, 6 May 2008
Un lugar llamado Elephant & Castle
From: Martín Llavallol
To:
Date: Tue 06-May-2008 19:27
Subject: Un lugar llamado Elephant & Castle
"Miro por la ventana, es un día gris
la lluvia que cae en el cemento gris
una carta más y una postal
y el teléfono no para de sonar.
Otra noche más y hace frío acá
la botella está vacía y el bar ya cerró
un poco cansado, un poco aburrido
un poco borracho, con ganas de pelear."
Lejos Estoy – Dos Minutos
¡Qué poeta es el Mosca! Quién iba a decir que 'gris' rimaba con 'gris'… Vaya desde aquí mi humilde homenaje a esta banda del punk argentino. Y esos versos son tan universales que a veces dudo si los escribió en Valentín Alsina o a la vuelta de Elephant & Castle...
Sí, porque nuestro barrio podría bien inspirar este tipo de obras y más; de hecho no sé cómo todavía no hicieron ninguna película acá. Claro que sería una de acción y no una tan romántica como la de esos payasos de Notting Hill, que pintan sus casitas de colores. Que por las noches escenas moviditas no nos faltan: el otro día Craig vio como una banda de vándalos le daba de patadas a uno que estaba en el piso; hace dos semanas a Linden, una neozelandesa que vino hace poco, le robaron la cartera; y a diario te cruzas con más de un borracho que mejor esquivar. Una curiosidad muy graciosa que nos dijo Matthew es que en la versión británica del Monopoly, Old Kent Road (muy cercana a nosotros) es el casillero más bajo del tablero.
Pero no quiero asustarlos. Otras cosas pueden ser muy "amigables" en Inglaterra: ciertas bandas como Coldplay, Keane o últimamente Scouting for Girls, que son muy "radio-friendly"; Londres, que es una ciudad muy "gay-friendly" (y eso se puede comprobar caminando por el Soho un viernes a la noche); y algunas latitas de atún que venden en los supermercados, que son "dolphin-friendly" (aunque como me hizo notar Chris, esas mismas latitas no son muy "tuna-friendly"...)
Y de todas maneras, aunque el barrio a veces no acompañe, el Big Brother sigue siendo una trinchera de paz y amor.
Muchas personas de la casa cambiaron desde la otra vez que les escribí. Sin embargo es curioso otro fenómeno casi paranormal que pasa, del que me hablaron una vez Samira y Esther, y que empecé a confirmar por mi cuenta. Se trata de la repetición de ciertos patrones en los individuos que se suceden en las distintas habitaciones/camas. Vayan a continuación algunos ejemplos.
Les había hablado antes de Leon. Leon se fue a finales de marzo a viajar por el mundo por algo así como dos años (vaya suerte la del muchacho). La chica suiza que vino a ocupar su lugar parece ser una nueva versión de él: aunque sexualmente mucho más atractiva, socialmente es un desastre. Se pasa horas aislada en su cuarto y sólo le faltaría que la respuesta al saludo sea "oui bien merci oui".
Se llama Laura. 19 añitos y muy bonita. Pero tiene un novio y es negro, y ya saben, yo no puedo competir con eso. Sí, porque a ella le gusta la música, y es sabido que los negros cantan mucho mejor que los blancos (Diana Ross, Tina Turner, Michael Jackson, la Negra Sosa) y encima a mí la pubertad no me dejó una voz muy prodigiosa. Supongo que no estarían pensando en otra cosa, ¿no?
Volviendo a Leon, debo decir que al final de su estadía nos habíamos hecho amigos. O bueno, hablábamos de cosas que no eran el clima, lo que para ciertos ingleses puede ser un gran avance. Se podría decir que Leon se había vuelto "some-people-friendly".
También les conté de Julien. El que vino después que él es un australiano, que parece tener cierta tendencia hacia las bebidas alcohólicas. Es una pena que haya heredado los vicios pero no las virtudes.
El último ejemplo es el que involucra a Vuestro Querido Narrador. El sujeto que lo antecedía era un francés, Jérôme.
La primera coincidencia, según las chicas, es que los dos hablamos francés. En definitiva, una boludez. Pero está bien, lo vamos a poner en la lista.
La segunda era que los dos nos llevábamos bien con todos los demás de la casa, también según Esther y Samira. Es cierto, era buen pibe. Tuve oportunidad de conocerlo un par de veces que cayó de visita.
La tercera es que, aunque él todavía en fase de estudiante, los dos somos ingenieros civiles. ¡Opa! Eso sí es curioso.
Y acá viene la mejor de todas y la que a mí más me sorprende: Jérôme es también un Peregrino. ¡Caramba! ¡Y vaya que lo es! Si bien todavía no está diplomado en estos menesteres como yo, el tipo está yendo desde su casa al norte de Francia hasta Jerusalem. En algún lugar se va a tomar un barquito, pero cascarse Francia e Italia andando tiene igual su mérito. Debo confesar que me dio cierta envidia cuando lo contaba.
Pero existe aún otra coincidencia más, la más feliz de todas: cuando estaba en Inglaterra, Jérôme consiguió trabajo, ¡y yo también! Claro que a él seguro le fue mucho más fácil... Pero sí, sí. Finalmente sucedió.
No les quiero contar mucho al respecto por ahora, porque todavía no empecé. El motivo es que los ingleses tienen unas leyes muy, pero que muy poco "immigrant-friendly" que hacen que el permiso de trabajo se demore unas semanitas. Eso me cabreó un poco al principio, pero como dice el refrán, "No hay mal que por bien no venga" y entonces se me ocurrió aprovechar estas aerolíneas europeas baratas de las que les hablé en otra oportunidad y venirme para España unos días de vacaciones. Sí, porque buscar trabajo es un trabajo (aunque no me lo crean). Ya les contaré en otro momento.
¡España! La tierra de Elsa Pataky...
La página del bimestre (dada la crisis creativa que vengo sufriendo en los últimos tiempos, dejó de ser semanal) es www.dulcesol.es/productos.php. Creo que volví a España porque estuve un año extrañando estas cositas dulces, de las que me hice fanático cuando las compraba por peso en el supermercado Alcampo de Santiago de Compostela el año pasado. Pueden llamarme gordito.
Luego de algunos días de visitas por Barcelona y Bembibre, me dirigí a Oviedo, capital de Asturias (la verdadera España, el resto es territorio reconquistado), para empezar a caminar otra vez hacia Santiago. Esta vez es por otro camino. El del año pasado era el llamado Camino Francés; esta vez es el Camino Primitivo, que es un poco más corto, 310 kilómetros en total. Para todos los que me llamaron gordito.
Pero tampoco les voy a contar de eso mucho ahora, porque el Camino merece otro relato aparte. Sólo les puedo decir que el otro día estaba parado en la cima de una montaña, como a más de 1000 m.s.n.m., con un paisaje idílico, mucha paz, las vaquitas pastando y tal, y me di cuenta, sin embargo, que faltaba algo: música. ¿Y saben qué me puse a escuchar? ¡Dos Minutos! El Mosca y sus amigos nunca pensaron que llegarían tan alto...
Con eso dicho, voy a despedirme. Pronto les vuelvo a escribir. Saludos desde Lucus Augusti, ahora conocida como Lugo, Provincia de Lugo, Galicia,
Martin/Martí/Martín/Martiño
(según sea London/Catalunya/Asturias
llava.blogspot.com
Thursday, 6 March 2008
La culpa de todo la tiene la pirámide nutricional
From: Martín Llavallol
To:
Date: Thu 06-Mar-2008 14:05
Subject: La culpa de todo la tiene la pirámide nutricional
¡Hola!
¿Cómo andan?
A pedido del público acá me siento a hacerles un breve resumen de los hechos sucedidos en los últimos dos meses. Hacía tiempo que no escribía, así que no esperen un mail para leer en dos minutos...
Voy a empezar por el principio, la llegada, que fue algo accidentada.
Hay en Londres una página de Internet donde publican casas/habitaciones para compartir, que ya venía hojeando desde Argentina. Ahí encontré una casa que me agradó, tanto por la descripción y la ubicación, como por las fotos, a las que nunca sabés si creerles o no, pero bueno, confié. Cuando llegué al aeropuerto, lo llamé al dueño, pero sólo para que me diga que no me podía mostrar la casa hasta el lunes, y esto era un viernes. El paso siguiente fue ir a un cyber y buscar otro lugar, ya que quería evitar caer en un hostel en esos días previos al Año Nuevo (porque hay más gente y los precios son más altos).
Encontré otra casa que aunque no tenía fotos, la descripción me gustaba, era barata y estaba bien ubicada, en el barrio céntrico de Euston.
Euston... Euston... Euston... ¿Por qué me suena tanto esa palabra de algún lado?
A las 6:30pm, con una muy poco inglesa hora y media de retraso de su parte, me encontré con mi contacto, Mosh, un bangladeshi. Habíamos quedado en la puerta de una estación del "tube" y como teníamos que cruzar la calle y llovía, preferimos hacerlo por el subsuelo. Cuando llegamos abajo de la escalera, el tipo relojea la estación y me dice: "vos cruzá primero que yo voy caminando atrás tuyo". Mmm... Bueno. Después de todo había policías y las infaltables cámaras de CCTV.
Cuando salimos por la otra puerta, me esperaba la segunda sorpresa: un auto con un amigo de él. Ahí me salió el peregrino de adentro y le digo: "Pero cómo, ¿no era acá a 200 metros? ¿No podemos ir caminando?". "No, es más seguro en auto. Quedate tranquilo, no pasa nada". ¡Caramba! ¡Qué complicados son los negocios inmobiliarios en esta ciudad!
No me pregunten por qué, pero así y todo me subí. Total que si algo malo pasaba, con una mochila de 60 litros en la espalda y una de 20 adelante iba a ser fácil saltar del auto en movimiento...
Efectivamente hicimos los 200 metros y nos bajamos en la casa. El barrio no estaba mal, y la casa tampoco. Me mostraron el cuarto, la cocina y el baño, que no eran gran cosa, pero una semana me lo bancaba; y en ese tiempo buscaría otro lugar, porque ya eran como las 7 de la tarde, había oscurecido hacía tres horas y llovía. Le pagué por una semana y antes de dejarme me dicen: "Tratá de no hablar con la gente de esta calle, no son malos, pero mejor si no les hablás..."
Y entonces ahí estaba yo, Vuestro Humilde Narrador, en esa pocilga en una cortada de un barrio de Londres, en medio de una guerra de pandillas de Bangladesh. ¡Ah! Este era el desarraigo del que hablaba mi madre... Pero ya saben como dice la canción de Catupecu: "Mamá me dijo que no viniera, pero yo vengo igual!"
Euston... Euston... Euston... Y tirado en la cama mirando al techo encontré de donde me sonaba el "Euston". Era de "Euston, tenemos un problema...". Y ciertamente lo tenía.
Me levanté y le golpeé la puerta a Mosh, y en un inglés que deteriorara lo menos posible las Relaciones Internacionales le dije: "Che, Mosh, te jode si te pido que me des la guita de vuelta, porque esto no era en realidad lo que estaba buscando...". Ahí comprobé que el Mosh no estaba hecho de mala madera, porque me entendió y me devolvió lo que le había dado.
Al final terminé en una residencia de estudiantes por tres días y el lunes caí en la casa que tenía junada desde antes.
Ahí las cosas cambiaron completamente. Si bien el barrio, Elephant & Castle, al sur del Támesis, no es de lo más paquete que te puedas encontrar en Londres (es más bien un barrio de negros y latinos y varios monoblocks), la casa está súper bien, en una callecita muy tranquila. Es una casa vieja, pero arreglada y pintada hace un año. Y hasta tenemos un patiecito o "backyard".
Vivimos 10/12 personas, distribuidas en los tres pisos. Es una suerte de Gran Hermano, el Big Brother Elephant & Castle. El cuarto lo comparto con dos chicos más, un francés, Julien, y un inglés, Craig, que son muy macanudos. Entre los demás de la casa hay algunos con los que nos llevamos muy bien y otros que no aportan mucho, pero que no son mala onda.
Me gusta de la casa que hemos llegado a un nivel en que nos preocupamos los unos por los otros. Un mediodía encontrábame yo almorzando un menjunje de pollo y arroz, cuando Craig me dice: "Tenés que comer más vegetales", a lo que respondí abriendo la heladera y mostrándole el stock de frutas que tenía en mi estante en ese momento. "No, pero vegetales verdes". Y en eso Julien, que también estaba en la cocina, agrega: "Yes, like us, that we smoke weed..."
Esto me llevó a reflexionar sobre la "masivización" del consumo de marihuana en los últimos años. Y llegué a una conclusión: la culpa de todo la tiene la tonta pirámide nutricional. Esto es porque la pirámide –adorada por doctores, nutricionistas y madres– expresa muy bien el "qué" y el "cuánto", pero es muda en el "cómo" deben ingresar al organismo. Y esto hace que muchas personas no sepan si tienen que comerlos o fumarlos...
Algunos hábitos de Julien son a veces levemente más nocivos. Hace dos semanas tuve la agradable visita de mi primo Agustín, que me trajo de regalo una caja de Havannas (gracias Agus! Tan bienvenidos como los consejos!). Decidí compartir algunos con mis "house-mates" y la reacción de Julien fue de lo más inesperada. Al abrirlo creo que se encandiló con la blancura del baño de merengue (le tocó uno de dulce de leche). Luego de analizarlo con vista, olfato, tacto y gusto me dice: "¡Ah! ¡Es para comer!". ¡Claro que es para comer! ¿En que momento pensaste que no lo era? ¡Si Scotland Yard me agarra con todo eso no veo la luz del sol nunca más en mi vida! Y además, si eventualmente decidiera dedicarme a la compraventa de eso, nunca te regalaría tanta cantidad...
Otros personajes de por acá son Sonia, Samira (francesas) y Esther (alemana), que son muy divertidas y con quienes me llevo muy bien. En realidad ahora sólo queda Sonia, porque Esther estaba viviendo de ilegal a escondidas del "landlord" (el dueño) y la descubrieron, así que se tuvo que ir y Samira decidió irse con ella. Una lástima. Veremos quién las reemplaza...
En el otro extremo de la comunicación, en el de la no-comunicación, está Leon, otro inglés. El tipo alquila una habitación para él solo y cuando está en la casa está todo el tiempo ahí encerrado. Es bastante tímido y creo que le es un problema cruzarse con alguna otra persona. Desafortunadamente para él, la PC está justo frente a su puerta, y como yo paso varias horas acá, inevitablemente me tiene que saludar todos los días. Una cosa que todavía hoy, después de dos meses, me sigue haciendo mucha gracia es la "metodicidad" en la respuesta al "Hi Leon, how are you?". Arriba del 90% de las veces la respuesta es "yeah good thanks yeah". Esas palabras y en ese exacto orden. Nunca un "good thanks yeah yeah" o un "thanks yeah good yeah", o cualquiera de las otras posibles combinaciones. Siempre "yeah good thanks yeah". Por supuesto ya se convirtió en el saludo de todos los demás en la casa y no va a faltar el día en que se nos escape delante de él...
El 6 Searles Road (esa es nuestra dirección) es también lugar de algunos fenómenos casi paranormales. Uno de ellos es la "Paradoja del Detergente". Paso a explicar: hay períodos de varios días en que nadie parece querer lavar sus platos, cubiertos y cacerolas, y las cosas se amontonan al costado de la pileta de la cocina; sin embargo, el nivel del detergente en la botella continúa disminuyendo a velocidades vertiginosas... Yo sabía que algunas cosas de uso doméstico, como el Poxi-Ran, pegan, quiero decir "pegan", pero no pensaba que el detergente estuviera entre ellas. ¿Será Julien?
Bueno, no. Esperen. Voy a dedicar este párrafo a defender al pobre Julien de mí mismo. El pibe tendrá algún que otro vicio, pero es buena persona. No piensen que anda por la vida como Mark Renton, el protagonista de Trainspotting.
Con respecto a trabajo no tengo mucho que contarles todavía. Si no sale, esto habrá sido una buena experiencia para practicar un poco el inglés y el francés.
Hubo algunos momentos que el tema laboral me tenía algo bajoneado, pero bueno, hablar con uno o con otro siempre ayudaba para seguir. También gracias a esto de la banda ancha (quien iba a decir que era mejor que el teléfono!) redescubrí un programa de humor del Canal Vasco (no en la tele sino en Internet), "Vaya Semanita", y por la noche me pasaba bajando videos de sketches para reírme un poco. Altamente recomendable, sobretodo los "Euskolegas". Pueden bajárselos en YouTube o en www.eitb.com/vayasemanita
Bueno, y con eso voy a ir cerrando. Ahora cuenten de ustedes por allá.
Les mando saludos a todos!!!
Agur!
Martin
llava.blogspot.com
Y recuerden: como dijo Pipo, todo lo que termina en "ina" es adictivo, excepto "madrina".
Saturday, 29 December 2007
Las ardillas son fantásticas
From: Martín Llavallol
To:
Date: Sat 29-Dec-2007 19:03
Subject: Las ardillas son fantásticas
¡Cómo me fascinan las ardillas! Su forma de moverse, como corren por el piso, como trepan ágilmente a los árboles, la forma graciosa que tienen de comer con las manos, como juegan entre ellas.
Quise saber qué cosa pasó por la cabeza de Dios durante la Creación cuando hizo a las ardillas. Al Tipo tiene que haberlo inspirado algo grande, digo, porque los camellos no fueron tan agraciados, al menos estéticamente, desde mi humilde punto de vista, por más que el Corán afirme que es el animal más extraordinario que haya creado Alá.
Esta inquietud me remitió al Génesis, pero allí no estaba la descripción del sublime momento del "haya ardillas", sino que encontré una pobre frase que decía que todos los animales sobre la tierra fueron creados el mismo día. ¿Quién escribió eso? ¡Cuánta imprecisión! Ahora me doy cuenta por qué las grandes religiones monoteístas están perdiendo tantos seguidores...
Poco satisfecho, quise encontrar la respuesta en esa inagotable fuente de pornografía y algo de conocimiento que es Internet, y en Wikipedia, más precisamente en es.wikipedia.org/wiki/Ardilla (también pueden meterse en la página del camello y ver de lo que hablaba antes), encontré algunas cosas, pero poco reveladoras, además de una clasificación científica aún menos interesante.
Desistí en mi búsqueda, pero por suerte puedo contentarme con verlas andar en el Green Park.
Ah! Porque creo que no se los había dicho: estoy de vuelta en Londres.
Traté de justificarme eso de miles de formas distintas, todas falsas. Los engañé. La verdad es que soy una mala persona.
Lo cierto es que, como les había comentado a algunos de ustedes, estaba por irme a Irlanda, con visa de trabajo y todo "como corresponde". Pero cuando había logrado reunir todos los papeles necesarios, una semana después de que le pregoné al mundo mis planes, me informaron que el programa había sido cancelado (los tipos se dieron cuenta que el país se les estaba llenando de europeos de este, africanos y latinos). Y ahí se iba mi oportunidad de hacer las cosas por las buenas.
Curiosamente no me frustré, y dadas las circunstancias, como iba a tener que hacer las cosas por las malas, decidí hacerlas bien: el destino no sería Dublín sino la gran Londres.Supuse que lo de Irlanda me pasó por bocón así que preferí no decir ni cuándo ni a dónde me iría. Que me iba no era ninguna novedad. Tuve que seguir con la farsa por razones de cábala; espero sepan comprender. Si comentaba lo de Londres probablemente Al Qaeda hubiera tirado una bomba atómica sobre la ciudad o algo.
Y por otro lado, no me gustan las despedidas.
Así que ahora tengo nuevamente las calles de Londres bajo mis pies.
Es bueno volver y ver que todas las cosas están en su lugar: los leones de Trafalgar Square, el cartel de Coca-Cola en Piccadilly Circus, Danny Shine los domingos de Speaker's Corner, los discos de Travis y Arctic Monkeys en las disquerías, y yo.
No les puedo decir como sigue esto, porque ni yo lo sé. Sólo les puedo decir como empieza.
Pero no sé por qué les cuento todo esto. Como siempre, me fui por las ramas. Yo sólo quería comentarles que las ardillas son fantásticas.
Aufwiedersehen!
Llava
PD: Y recuerden: "Robar de uno es plagio. Robar de muchos es investigación"
Thursday, 8 November 2007
Tuesday, 5 June 2007
...
From: Martín Llavallol
To:
Date: Tue 05-Jun-2007 02:55
Subject: ...
Bien. ¿En dónde estábamos? Ah, sí, Londres.
Creo que caminé más en Londres que en todo el Camino a Santiago, porque lamentablemente el transporte público figuraba en la larga lista de cosas demasiado onerosas. ¿Acaso algo no estaba en esa lista en Londres? Sí, los museos, que de hecho son gratuitos. Y uno en particular -el de Ciencias- se convirtió en una suerte de tercer hogar para mí (justo después de las disquerías, claro).
Ahí había varios juegos interactivos y "educativos" con los que pasé muchos minutos. Uno me llamó mucho la atención, y como está en la web, decidí que fuera el link de la semana: http://www.sciencemuseum.org.uk/exhibitions/energy/site/EIZgames.asp . Es el de los "Energy Ninjas". Es de lo más bizarro. Tienen que verlo. Los seguidores de "South Park" lo van a amar. Nunca pensé que encontraría algo así en un museo.
Otra cosa que me fascinó de Londres fueron las ratas. Sí, porque en Londres hay ratas, pero no son ratas cualquiera. Imagínense ratas con onda y mucho glamour, ¿qué se obtiene? Ardillas. Esos animalitos son la hostia. Darles de comer en el Hyde Park fue un gran pasatiempo.
También en Hyde Park encontré en una esquina el Speaker's Corner, un lugar fantástico para pasar los domingos por la tarde: un tipo se para en una escalerita y expone una idea y otros tantos tratan vehementemente de convencerle que eso que dice es absurdo. Personas que les gusta discutir al pedo -como David o Dani López (90%)- pasarían en este lugar horas y horas de sano entretenimiento. Entre los oradores se pueden encontrar desde profetas de nuevas religiones hasta seres vestidos de "superhéroes". En un principio pensaba yo que era una pena que no tuviéramos de estos lugares en Argentina, pero después me di cuenta que sí los tenemos, y hasta tienen paredes y techo, y se llaman "Manicomios".
El segundo domingo, justo cuando la cosa se estaba poniendo un poco aburrida, ya que todos los temas parecían estar relacionados con el islamismo, el cristianismo o el judaísmo, apareció un tal Danny Shine. Su presentación comenzaba relatando la vez que había sido arrestado por cantar en un Tesco (un supermercado) con una máscara ¡que había comprado en Tesco! Resultó ser uno de los mejores talk shows que presencié en mi vida. 5 llavas!
Pues sí, flipé con Londres. Me hubiera gustado quedarme más, pero de hacerlo, mi cuenta bancaria iba a empezar a arder, a pesar de la austera vida que llevaba. Y me gustó incluso sin haber llegado a conocer una tienda para zurdos que hay, de la cual me enteré justo en el avión que me llevaba a mi siguiente destino: Barcelona.
En Barna me recibieron en su casa mi prima Sara y su novio Yago, y fue volver a una habitación sin desconocidos, a la ropa con olor a suavizante, ¡a las buenas comidas!, al calorcito ibérico, a andar en bici, a las esquinas con ochavas, a "El Corte Inglés", a las chicas en top-less y las playas nudistas, al "¡Hostia!", a los bares de pinchos y tapas, a chocarse con guiris en las callecitas del Gótico, a meterse en las aguas azules del Mediterráneo en Tossa de Mar, a los teléfonos públicos que dicen "Telefónica", a conocer el Jardín de la Alegría, a los petisu de Dulcesol, al "¡Joder!", a oír Dover en Los Cuarenta Principales, a aprender palabras en catalán, a ir de visita a casa de amigos y tirar torpemente comida al piso (total, se lo comía el hamster, no?), al Cola-Cao, a comer entrepans, a ver qué bien lo hizo Gaudí para atraer a miles y miles de turistas a una iglesia que ni siquiera está terminada, a escuchar Café Tacuba (aunque no más de una vez...), a tener al rey Juan Carlos y a Cervantes en las caras de las monedas, al burro catalá, al "¡Qué dices!", a hacer cursos para que salga agua caliente en los distintos grifos de la casa, al jugo de piña, y a ver a la sensual Elsa Pataky en los carteles de helados Nestlé. [Gracias!!!]
El jueves volví a Madrid, porque el final es en donde partí. Todo parecía seguir más o menos en el mismo lugar que la vez anterior: el Oso y el Madroño, el cartel de Tío Pepe en Puerta del Sol, las tortugas del jardín selvático de la Estación Atocha, las putas de la Calle Montera, la hija del fletero, etc., etc., etc.
Aproveché para ir al Ministerio de Fomento (el de Joge, cuak!) y averiguar en qué estaba lo de Air Madrid, pero empiezo a creer que Air Madrid era como Buzz Lightyear: no volaba, caía con estilo...
El sábado tenía boleto de regreso a Argentina, pero fui al aeropuerto y pregunté si el avión estaba sobrevendido, y como lo estaba, ofrecí de quedarme un día más; aceptaron y me indemnizaron. Tenía pensado hacer eso varios días más, para conocer algunas cosas que me quedan en los alrededores de Madrid y visitar algunos amigos. Pero el domingo a la mañana algo no salió bien y las siguientes horas me encontraron en un avión que me trajo otra vez a casa. ¿A casa? No. Simplemente a la Ciudad de la Furia...
Sunday, 20 May 2007
Monday, 14 May 2007
Crua Chan
From: Martín Llavallol
To:
Date: Mon 14-May-2007 13:52
Subject: Crua Chan
"Fee fi fo fum,
I smell the blood of an Englishman,
Fee fi fo fum,
come on London, here we come."
Santiago. Otro día nublado. Habíamos tenido un par de gloriosos días de sol, pero todo parece haber vuelto a la normalidad ahora. La Teoría del Caos no se refuta aquí: un perro se tira un pedito en Vladivostok y llueve en Santiago de Compostela. [Dedicado al Doctor y a Joaquín]
Pero no por eso uno se queda encerrado. Como buena ciudad universitaria, en Santiago hay muchas pastorcitas, bandas y cosas para facer. Por cierto, yo creía que Azul era un semillero de buenos nombres de bandas ("Peter Punk", "La Oveja Coja"), pero acá escuché uno que me dejó flipado: "Desequilibrio Mental". Me encantaría contarles más al respecto, pero lamentablemente no los pude ir a ver. El otro día descubrí que por el barrio había una pileta pública, y decidí ir. Pero como tengo menos cultura deportiva que un panel solar, no tenía idea que había que usar de esos gorritos de látex, y cuando estaba por meterme, vi que todos tenían uno. Le pregunté a Maroa y sí, era obligatorio. Así que a comprar uno: no saben lo que me costó ponérmelo, con mi marote más los rulos a tope (sí, porque desde que me fui de BA que no me corto el pelo [para uds, Silvia, Eríka y Romi]). Pero finalmente lo logré, y con mi nuevo look "qué-tan-bueno-puede-ser-ese-tal-Meolans" me sambullí. ¡Splash! No pretendan que les cuente de mi paupérrimo desempeño acuático...
Pues sí, la etapa de Santiago estuvo muy bien, muy positiva [Gracias Ara & Balazs!!]. Salvo por el fatal clima de Galicia: nublado, húmedo, frío y lluvias impredecibles. Y es quizás por eso que decidí moverme al maravilloso clima de Londres: nublado, húmedo, frío y lluvias impredecibles. Sí, London.
En realidad la explicación de por qué estoy acá es algo larga, pero se puede resumir en que no todos los días te levantás, te metés en Internet y te das cuenta de que estás a sólo €18,50 (tasas e imp. incl.) de distancia de una de las ciudades más interesantes del planeta, y eso es lo que me sale ir y volver a Azul en La Estrella. No se piensa dos veces.
La página es www.RyanAir.com, y como no podía ser de otra manera, es la favorita de esta semana. El avión, contrario a lo que todos podríamos pensar, no era el 93 con alas, pero sí tenía publicidad hasta en la bolsa de mareo. Vómito sponsoreado. No me fijé, pero seguro que el chaleco salvavidas también vendía algo.
Así que aquí estoy ahora, la capital de UK. ¡Qué ciudad! No se imaginan lo emocionante que es para mí estar acá. Sobretodo cuando entro a HMV o Virgin Megastore; la isla me recibe con nuevos discos de Travis y Arctic Monkeys. Igual, la frase por ahora es "I'm just looking [I'm not buying]". Y no me olvido de mi querido pub blusero, el Ain't Nothin' But...
Como que me están dando ganas de quedarme por acá. Voy a tener que ver cómo me las ingenio para sobrevivir...
El otro día, Mendi, me acordé de vos y me quedé contemplando unos minutos el cartel de Coca-Cola de Piccadilly Circus. Uno no pierde la capacidad de asombro con esas cosas. Aunque como efecto secundario me vino un inexplicable deseo de tomar Coca-Cola.
Me sorprendió también la cantidad de razas y colores que hay en esta ciudad. Y las parejas extrañísimas que se ven. Creo que los ingleses no existen. Además, escuché más idiomas ayer caminando por la calle, que en un mes en el albergue.
Y bien, esto se hizo un poco largo. Pero antes de la "bendición final", les tiro un "aviso parroquial": estoy por lanzar la campaña "Juntos por un amiguito en el exterior", es decir, yo. Si desean seguir recibiendo más divertidos e-mails con más hilarantes aventuras, ustedes pueden hacerlo posible. Es fácil: yo les paso el CBU de mi cuenta bancaria y ustedes hacen sus donaciones anónimas. O no. Si quieren, puedo promocionar su producto o empresa. ACA VENDEMOS TODO. También puede que quieran ganar popularidad en su grupo de pares [vos, Elso Pataky]. Consulten por negritas y colores.
Y recuerden: el órden de los factores a veces altera el producto. No es lo mismo "Chocolate con Churros" que "Churros con Chocolate".
Aufwiedersehen!
Martiño.
PD1: Perdón nuevamente Coronel, Piterman, PK y Sarita. Sus visitas no fueron canceladas, sino pospuestas.
PD2: A los nuevos, bienvenidos!
Friday, 20 April 2007
Santiago de Compostela
From: Martín Llavallol
To: mllavallol@gmail.com
Date: Fri 20-Apr-2007 08:08
Subject: Santiago de Compostela
Hola, mis estimados! Aquí Peregrinator!
Finalmente llegué a destino, el Viernes Santo. Misión cumplida: 800 km. Sentimiento extraño, entre alegría y tristeza.
Y como no estaba cansado, después de Pascua decidí seguir a Finisterre, y no en el último bondi, sino caminando. Son 90 km más y se llega al extremo continental más occidental del mundo antiguo, a un faro. De postal. Por cierto, otra vez nos cagaron: de este lado el Atlántico es azul.
Y como no estaba cansado, fui hasta Muxía, también sobre el mar, que en teoría son 30 km, pero como estaba mal señalizado terminaron siendo 40, y cuando llegamos dije: "estoy cansado". Así que para volver tomamos un autobús. Bizarro.
Al final de cada una de las peregrinaciones te dan una suerte de diploma. La de Santiago es curiosa porque está escrita en latín, con nombre y todo. Se podría decir que me recibí de peregrino en Santiago de Compostela y que me doctoré en Fisterra (la gran Rímolo!).
Y como Santiago no está nada mal, decidí quedarme unos días más (es que caminé tanto para llegar hasta acá que tenía que vivirlo un poco), ayudando por las tardes en el albergue, a cambio de techo y unos euritos para las comidas. Fácil: recibir peregrinos. Y eso da tiempo para leer un poco y por las mañanas boludear por la ciudad. Lo malo es el tema de la música, porque Enya o "Música para Hadas del Bosque Volumen 9" están bien, pero sólo si después las podés diluir en un "Thunderstruck" de AC/DC o en un "Guerrilla Radio" de Rage Against The Machine.
En el casco antiguo descubrí un restaurant que se volvió mi favorito: Casa Manolo. Cumple con las 3 B: bueno, bonito y barato. Se llevaría el link de la semana, pero como no tiene página de internet, queda el puesto vacante.
Y eso es todo lo que tengo que decir acerca de eso.
Saludos a todos! Perdón que no pueda contestar los mails uno a uno. Ya vendrán tiempos mejores!
Recuerden: que les destapen la gaseosa adelante suyo.
Hasta la vista, babies!
Martinum
Wednesday, 4 April 2007
Semana n+1
From: Martín Llavallol
To:
Date: Wed 04-Apr-2007 15:36
Subject: Semana n+1
Hola gente!!!!!
Nuevamente frente a un ordenador escribiendo un poco.
Muy buenos los mails de esta semana. Gracias!! Veo que Elsita causó sensación entre el público masculino.
Estoy en Galicia, en la provincia de A Coruña. Esto es un caos, la Bristol en enero: parece que como es Semana Santa, la mitad de Europa se acordó que tenía que venir a peregrinar a Santiago -los "turigrinos"- y esto se volvió una carrera para encontrar camas en los albergues. Una especie de "baile de las sillas". Para los que venimos de Roncesvalles, una cagada. El otro pudo haber esperado algunos días más para resucitar...
Y dormir por las noches se está haciendo complicado, porque al aumentar el número de gente en los albergues, la probabilidad de que haya "roncadores" es casi una certeza. El otro día casi asesino a un vejete francés. Roncaba como un filho da puta (eso es una puteada, que puse en portugués para que las malas palabras no alarmen a algunos...). Primero pensé en utilizar en armas químicas (un par de calcetines con 25 km de uso [joya, nunca taxi]), pero ya saben lo que se dice de los franceses y los olores, no creo que hubiera sido efectivo. Después pensé en armas de destrucción masiva (una bota de trekking bien puesta en la nuca): eso hubiera terminado con Francia, pero Argentina tampoco quería llegar a ese extremo. Al final, todos dormimos mal, pero por suerte no coincidimos más con él.
Pero no todo es tan malo. También la Semana Santa trae consigo las especialidades culinarias de la época, y una de ellas son las torrejas. Sí, qué emoción! hacía años que no las comía, y el otro día la mujer de un peregrino amigo llevó al albergue. Casi se me cae una lágrima.
Después, todo lo demás va bien. Estoy a sólo 50 km de Santiago y llegaré en dos o tres días. Esta última parte fue mucho mejor que la de Castilla y León, sobretodo la región del Bierzo, que se lleva 5 llavas (sobre 5, claro): lindos paisajes, lindos pueblitos y molinos de viento (y no hablo de quijotescos enemigos).
Ah! Hoy probé (y esto algunos no me lo van a creer) pulpo a la gallega, y gustó. Pero igual, no se vayan a creer que cambié tanto. De los vegetales no me voy a amigar del todo: sigo sosteniendo que son la comida de la comida.
Pues bien, eso es todo por ahora. En unos días vuelvo a escribir, luego de arribar a destino.
Recuerden: el 7 vence el monotributo.
Saludos,
Martín
PD: fotos, todavía no hay.
PD2: cómo fue la presentación del plan?
PD3: ni mate, ni coca-cola, ni cerveza, ni orujo. La bebida es el Cola-Cao: www.colacao.es
Tuesday, 27 March 2007
Semana 3,5 - desde Astorga
From: Martín Llavallol
To:
Date: Tue 27-Mar-2007 15:39
Subject: Semana 3,5 - desde Astorga
Buenas días!
Aquí reportando desde Astorga, algunos kilómetros después de León.
Después del último mail, en Burgos, me encontré con Nico y Lucía, que quisieron venir a caminar unos pocos kilómetros conmigo por el camino y al final se entusiasmaron, caminaron 30, durmieron en el albergue de peregrinos y al día siguiente caminaron otros 10 más hasta otro pueblo donde pudieron tomarse un colectivo a Madrid. Les tocó una parte linda, y hasta amaneció nevado! La tormenta de nieve grande fue siempre atrás nuestro, pero del frío y las nubes no zafamos.
Después vino la parte de la provincia de Palencia, que es un poco chata y monótona, pero hablando con uno o con otro se pasó rápido.
Llamaba mucho la atención que la mayoría de los pueblitos están deshabitados, o si había gente, eran ancianos. La pirámide de población parecía algo invertida... Pero más curioso aún es que está lleno de cigüeñas, que anidan en las torres de las iglesias, y en TODOS los pueblos hay al menos una iglesia. Sin duda hay un problema aquí... Porque a los niños los traían las cigüeñas, ¿no? Quizás tengan un subsidio y no estén conformes con el monto del mismo...
La semana pasada superé los 300 km (ahora ya voy más de 400), que es la distancia que separa a Azul de Buenos Aires. Me convencí de que a pesar de sus defectos, La Estrella, Río Paraná o Plusmar siguen siendo las opciones más convenientes, porque caminar 13 días de ida, estar un fin de semana, y volver en otros 13 días, no me termina de cerrar del todo. Pero había que constatarlo...
Hace dos días estuve en León, otra de las grandes ciudades por las que pasa el camino. La verdad es que no me gustó tanto como Burgos (definitivamente burgués, para vos Solange!), aunque la Catedral es increíble. Una de las más lindas que he visto.
En otro orden de las cosas, la Península estuvo revolucionada por el desnudo de Elsa Pataky para la revista Elle. Al menos eso comentaban todos los programas de chimentos, que están en todos los bares en los que entrás. Todavía no tengo ni la más paupérrima idea de quién es esta Elsa Pataky, pero no está nada mal. De hecho, iba a ser el link de esta semana, pero como sé que ustedes no se andan con estas banalidades y son seres sedientos de cultura, decidí cambiarlo por este otro: www.catedraldeleon.org
Y bien, siendo eso todo lo que tengo para informarles, me despido de vosotros hasta otra ocasión,
Llava
Sunday, 18 March 2007
Semana 2 - resumiendo desde Burgos
From: Martín Llavallol
To: mllavallol@gmail.com
Date: Sun 18-Mar-2007 07:57
Subject: Semana 2 - resumiendo desde Burgos
Estimados todos:
Gracias por sus mails, y sobretodo aquellos saludándome por el vigésimosexto aniversario de mi nacimiento. Perdón que no les responda uno a uno, pero sepan que sí los he leído a todos.
Esta semana fue una semana de conocer bastante gente, la mayoría personajes sin ningún patito en fila. Entre ellos están Pierre (francocanadiense), Lidia (portuguesa), ambos de mi edad, y Giuseppe (adivinen... con ese nombre japonés no es seguro!), de cuarentaytantos. También hay algunos alemanes (que algunos son simpáticos y otros, bueno, ya saben, alemanes, aunque no me gustan los estereotipos...), un par de españoles, tres australianos, una holandesa y la lista sigue...
Así que pasé mi cumpleaños en Nájera con esta galería de personajes. Pierre se encargó de comprar Pacharrán, que es un licor de unas frutitas que crecen en la sucursal de este lado del charco de las tierras de Carlo', La Rioja. Después salimos todos a comer por ahí. Muy bien.
El otro día conocimos a dos nuevos, de Estonia. Dos personajes. De lo más bizarro.
Estoy llegando a la conclusión de que te tienen que faltar un par de remaches para hacer esto. La mayoría de estos tipos están locos. Quizás sea yo sólo y me esté proyectando. O quizás todos estemos locos (y, sí, para caminar más de 700 kilómetros...). Sí. Definitivamente. Un dato que no puedo pasar por alto es que el que me recomendó esto fue Martincito Azcona... (gracias PK!)
Ayer caminamos con otro canadiense de Quebec y una italiana, una guitarra y también dos perros. Esto cada vez se parece al Magical Mystery Tour de los Beatles, pero sin el colectivo. Falta que nos disfracemos de morsas y salgamos cantando "I am the Walrus"...
Aparte de todo eso, venimos caminando más de 200 km. Los albergues están muy bien, y por suerte a medida que avanzamos van teniendo más capacidad, y como el volumen de gente en esta época es más o menos la misma cada día, la relación volumen/capacidad tiende a cero, lo que es muy bueno, porque no se imaginan el olor que había a la mañana en los primeros albergues...
Los paisajes fueron variando un poco. Los primeros días teníamos las montañas de Navarra y después fueron básicamente sierras, todas sembradas de trigo, que les dan un verde muy lindo. Lo peor es cuando tocan zonas de viñedos, que como no es la época, se ve todo seco.
Un párrafo aparte merece la fuente de vino pasando Estella, sin duda, un hito en el camino, ya que se autoproclamaba la única del mundo. Por supuesto Pierre no perdió oportunidad de llenar una botella para el resto del día. Me imaginé a varios de mis amigos buscando en los clasificados del diario un terrenito para irse a vivir cerca...
Bueno, acá llega el momento del mail donde debo decirles que os echo de menos. Pero no, ni ahí. Honestidad brutal, como diría Andrés. Pero sí los recuerdo a todos. Y es curioso, pasa generalmente cuando como: cuando me doy una panzada de pistachos, me cuerdo de Ale (pistachos rule!); cuando voy al super y veo los danet (sí, acá no les ponen letras demás, sin vueltas) me acuerdo de Caco; cuando abro un chocolatote con almendras, me acuerdo de mis hermanas; cuando entro a una panadería, me acuerdo de las idas a Caris a comprar el almuerzo; y cuando como una barra de cereal, me acuerdo de la que le robamos a Leo con Paco (igual, ya prescribió eso, no?). Y también me acuerdo de todos los demás! (joder! que celosos os ponéis!).
Ahora estoy en Burgos. No, no en Burgos y San Martín, la plaza. Tampoco en lo de Lindor Burgos: todos mis huesos están bien, gracias. Burgos, Castilla y León. Muy bonito. Aquí me quedo a pasar el día y me encontraré con Nico Agüero y Lucía. Y mañana a seguir caminando.
Y bien, eso es todo amigos!
Gracias nuevamente por sus mails.
Recuerden: karate sólo para defensa.
Saludos,
Llava
PD: el link de la semana viene de la mano de Giuseppe, que es un artista callejero, ex (?) hippie. No sé con qué se puedan encontrar ahí adentro, así que va por su propia responsabilidad: www.darpandreampainter.com
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